20
May
Era domingo en la noche y el cheddar, bacon y los helados se me salían por las orejas. Fuimos al Kellogg’s Dinner que tenía una carta más larga que el Nuevo Testamento. Dije “mira, puede ser un wrap, siempre son más livianos que una cheeseburger” y me pedí uno de pastrami. Me llegó un saco de dormir relleno de huevos revueltos, tocino de pastrami y cheddar, acompañado de un cerro de papa cocida y frita.
Y como alguien tiene que hacer el trabajo sucio le entré el diente igual no más. Ya ha pasado un día y siento como el cheddar navega por mi sangre como esos barcos piratas de Somalia que le arruinan las vacaciones a los millonarios en sus yates. Maldito cheddar te amo pero por favor déjame tranquila y no me coquetees más.
(El wrap era glorioso, pero hay que comerse un cuarto o si no, muerte)
Kellogg’s Dinner, Metropolitan con Union st, brooklyn.











